Por: Marcelino Aparicio.

A pocos días de la firma del contrato de concesión del puerto de Paita, se revela que el consorcio ganador de la buena pro, Terminales Portuarios Euroandinos (TPE), no cuenta con financiamiento para asegurar la inversión que prometió en abril pasado. Aquella vez, Alan García anunció con bombos y platillos la privatización del “primer puerto en la ruta marítima norte del Perú”, como solía llamar a Paita el héroe Miguel Grau, cuando representó a su tierra natal en el congreso de 1876, poco antes de embarcarse en el glorioso monitor Huascar para combatir al invasor chileno.
Resulta inaudito que tres ex alcaldes, que ya andan en campaña política soñando con volver a mamar de la teta estatal, guarden cómplice silencio en este transcendental tema para la vida económico y social de la provincia. Sólo el “acciopopulista” Alejandro Torres Vega ha tomado la delantera en la defensa del terminal portuario junto al sindicato Enapu-Paita.
Hasta el ministro de Transportes, Enrique Cornejo ha reconocido problemas en la operación crediticia. Otro aprista que puso en entredicho la solvencia económica de TPE es Luis Negreiros, que visitó Paita hace algunos días y puso contra las cuerdas a su propio partido. Quizá sea Negreiros el único seguidor de Víctor Raúl Haya de la Torre que en los albores del siglo XXI defiende con valentía las empresas estratégicas que generan ganancias al Estado pero por el prurito neoliberal de “venderlo todo” terminan en manos privadas.
Parece que los portugueses “hicieron cholito” a García y quizá por ello nadie se atreve a estampar su firma en el documento oficial. Además, resulta osado que una administración gubernamental que está de salida entregue el puerto de Paita a capitales extranjeros que no garantizan una inversión adicional de US$ 100 millones.
Ojala que no se repita el bochornoso caso de empresas estatales que fueron privatizadas a precio ganga durante el “fujimorato”. Sucedió con el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez que fue adquirido por una empresa que tenía S/.10 mil de inversión y que al final terminó manejando un capital de más de S/. 45 millones, según denuncias periodísticas. Igual es el caso de la minera Doe Run, que ahora busca ser financiada por el Estado. Esperamos que no suceda lo mismo con el terminal marítimo de Paita, que genera ganancias anuales por S/. 11 millones, sin necesidad de ser privatizado.
La Federación de Portuarios sostiene que el gobierno de García pretende flexibilizar las exigencias para presentar un fideicomiso, en vez de la carta fianza, única garantía legal que asegura la inversión. El banco HSBC se negó a otorgarle este documento debido a que TPE no pudo depositar US$40 millones; por ello ahora pretende presentar un fideicomiso donde solo tendría que demostrar la tenencia de US$ 10 millones. Increíble que García regale las empresas como si fueran su chacra. Razón tienen los portuarios cuando sostienen que TPE es insolvente y advierten que la firma de la concesión vulnera las bases del proceso.
Sería mejor que Alan García suspendiese esta engorrosa privatización y dejase que las nuevas autoridades elegidas en las elecciones del 2010 y 2011 definan finalmente este caso. Después de todo, hasta Cayetana Aljovín, contumaz privatizadora y directoria de Pro Inversión, acaba de renunciar pero no por los problemas en Paita, sino por los chanchullos con la concesión de Taboada, otra papa caliente del segundo “alanismo”, que ha terminado como fiel escudero de la rancia derecha económica local.