Por: Marcelino Aparicio

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Jhonny Peralta Cruz, el pequeño y vivaracho congresista aprista, vive el más triste de sus veranos. El Apra lo acaba de mandar al sacrificio en una deslucida comisión congresal que investigará la controvertida venta de la empresa Petrotech. Peralta tiene entre manos una papa caliente que podría terminar por chamuscar sus inocultables aspiraciones de suceder a Trelles Lara en las elecciones del próximo año.

El encargo vino directo de Palacio de Gobierno, que desea con furor poner punto final al espinoso tema de los “petroaudios”, que destapó la olla de grillos de negocios non santos que comprometen a destacadas figuras y figorones del aprismo ramplón, que nada tiene que ver con ese “hayismo” militante, consecuente y antiimperialista de principios del siglo XX.

Después del papelón de Miguelito Guevara a García Pérez no le quedaban muchos peones para escoger, de modo que echó mano a Peralta como última alternativa para controlar la flamante comisión y de la que poco o nada se espera, salvo que exculpe a “compañeros” y los eleve a los altares supremos de la inocencia.

Peralta, viejo zorro en los cabildeos políticos, sabe que el grupo de trabajo lo pondrá en el centro del brasero y podría ser presa fácil de las fauces humalistas, siempre sedientas de sangre aprista.

No nos imaginamos la cara de espanto que pondrá cuando le pregunten por el supuesto tráfico de tierras en el que se ha visto involucrado su ex asistente Alex Calle. Respondiendo a las críticas, el legislador oficialista ha dicho que pondría su cargo a disposición de la justicia si le demuestran con pruebas (sic) que tiene responsabilidad en actos de corrupción.

Economista de profesión, Peralta llegó al congreso con 39 mil votos y está a punto de cumplir 10 años probando la miel del poder. A lo largo de este tiempo ha hilado fino para tejer una frondosa telaraña que le permita postular a la presidencia regional con éxito. Su maquinaria política, dicen, incluye radioemisoras (Radio La Capullana de Sullana) y operadores electorales en toda la región.

Hace algunas semanas visitó el valle de Chira (Paita) y prometió el oro y el moro a los empobrecidos campesinos. Hasta se tomó fotos con su mejor sonrisa, pero el rostro se le destempló cuando algunos memoriosos le recordaron que siendo presidente de la comisión de Presupuesto nada o poco hizo para otorgar el dinero de la reconstrucción del puente Simón Rodríguez de Amotape.

Las malas noticias no quedan ahí. Con la pésima gestión de Trelles, es casi imposible que el Apra repita el plato por tercera vez consecutiva. El superfluo Trelles le deja la valla muy alta, hinchada de incapacidad y denuncias de corrupción.

Además tendrá que cruzar los dedos para que el proyecto de ley que permite a los congresistas postular a los gobiernos regionales y municipales se apruebe en el congreso, aunque los nacionalistas ya han dicho que no pasará, con lo que las aspiraciones de Peralta -y del mismo Javier Velásquez Quesquén, que quiere tentar suerte en Lambayeque- se van directo al despeñadero.

Y para cerrar con broche de oro, el partido de la estrella en Piura se ha dividido en dos: unos que apoyan la re-reelección de Trelles (como dice Magali Medina: ¡what!) y otros que buscan destronarlo. Sin duda es el peor de los veranos para el “chato” Peralta.