Por: Marcelino Aparicio.

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Alejandro Torres Vega (ATV) acaba de brindar su total respaldo al cuestionado Víctor Olaya García, quien tiene orden de captura por presunto delito de colusión en Las Lomas a solicitud del Juzgado Mixto de Tambogrande. No podíamos esperar otra reacción de quien se juega los descuentos en su vapuleado cuarto periodo de gobierno en Paita.

Sostiene ATV que Olaya “sufre una persecución política de quienes pretenden ser futuros alcaldes de la provincia”. Parece que la autoridad edil paiteña (y los que lo asesoran) viven en la estratósfera porque son ciudadanos de a pie los que expresan a viva voz su total rechazo al burdo manejo administrativo del municipio.

Habría que precisarle a ATV que los políticos tradicionales que se mueren por volver a morder la teta fiscal (llámese Walter Wong, Porfirio Meca y otros ilustres miembros del “stablishment” porteño) guardan silencio sepulcral o se guarecen bajo la cama esperando las elecciones. Por lo tanto, se equivoca, ATV al intentar torear el temporal con argumentos falaces. Ojo que también los regidores y los frentes de defensa mantienen ominoso silencio.

Dice ATV que su consejero tiene vasta experiencia en labores ediles, “porque ha sido director municipal, teniente alcalde, regidor y gerente municipal”, pero de qué vale tanto currículo si la pesada barca de su gestión navega directo hacia los peñascos del fracaso. Si no echémosle un vistazo a las últimas infelices decisiones que hunden a Paita en el caos, la inseguridad y la incapacidad:

UNO.- La cuestionada obra en la avenida Málaga avanza a paso de tortuga y no hay cuándo se entregue a la ciudad, pese a que debió culminarse en junio último. Han invertido más de dos millones de soles en una obra que la ejecuta una empresa a la que se dio la buena pro entre gallos y medianoche. Incluso se habla de un arbitraje que alargaría en extremo la entrega de la obra. Hasta el momento, ni ATV, ni sus colaboradores dicen cuándo van a culminar los trabajos.

DOS.- Otra perla en el largo collar de torpezas es el reciente robo de un lote de bolsas de arroz destinadas a los comedores populares (es decir la gente más humilde de Paita) y una camioneta de un local municipal. No se sabe exactamente cuánto ha sido el monto exacto del latrocinio porque la comuna calla.

TRES.- El último robo evidencia el grado de inseguridad que se vive en el puerto y a partir de hoy Paita ya no es Paita sino “Chicago chico” porque te acuchillan o “cogotean” en cualquier oscura esquina por unos cuantos cobres.

Como vemos el panorama no es alentador y Paita sigue en la boca del tiburón, un tiburón muy hambriento que amenaza con dejar las arcas fiscales vacías, pero llenas de ineptitud y soberbia.