Por: Marcelino Aparicio J.

 

 

El fracaso del proyecto de rehabilitación de calles adyacentes al antiguo mercado de abastos de Paita es una perla más en la extensa lista de errores perpetrados en la gestión de Alejandro Torres Vega (ATV). En abril último, la obra fue entregada entre gallos y medianoche a Consorcio Sero, cuestionada por abandonar trabajos en el Alto Piura.

Con una inversión de 2 millones soles, el proyecto tenía un plazo de ejecución de 90 días, pero han pasado cuatro meses y las obras están semiparalizadas, avanzadas en apenas 15%, incluso Consorcio Sero habría planteado un arbitraje para ampliar el presupuesto. (sic). Con estos nefastos antecedentes nadie se explica porqué  entregaron el proyecto a esta empresa; pero la opinión pública porteña señala con el dedo acusador a Constantino Colona, un ex diputado que maneja los hilos del poder tras bambalinas y funge de asesor de ATV.

Se debió convocar a licitación pública, pero los consejeros pretextaron la Cumbre APEC y así la obra terminó en manos de Consorcio Sero; sin duda una burda tinterillada para sacarle la guaracha a la ley. Se habría entregado más de 50% de adelanto pese a que Consorcio Sero no presentó cartas fianzas, incluso ni siquiera compró las bases.

El segundo error fue la improvisación total en el inicio de los trabajos ya que sin una estrategia de convencimiento efectiva, el proyecto acabó en el atolladero y los primeros en oponerse fueron los comerciantes a quienes intentaron desalojar a la viva fuerza.

Es cierto que urge reordenar el centro de abastos pero en este caso el remedio resultó peor que la enfermedad. La postergación ha traído graves problemas de congestionamiento vehicular y contaminación ambiental. Los alimentos se expenden al aire libre, sin tener las mínimas condiciones de higiene y la consecuente amenaza de epidemias.

Por estos días, Paita parece una ciudad bombardeada y nadie sabe cómo será el panorama para la feria patronal septembrina. (Que le echen unos rezos a la mamita Meche para ver si terminan antes del 24 de setiembre).

Ante esta apocalíptica síntesis, ATV guarda un silencio angustiante y sus asesores esconden la cabeza cual avestruces. Urge que abandonen sus escritorios y despejen las dudas de la ciudadanía.

Reglón aparte, merece la tenaz lucha del dirigente Miguel Nonajulca, cuyo único pecado es pedir cuentas claras a las autoridades. Ha ganado dos habeas datas para que la comuna le entregue información sobre el proyecto, pero los funcionarios se zurran en las resoluciones judiciales y violan flagrantemente la Ley de Transparencia y Acceso a la Información por la cual todo peruano tiene derecho a saber qué se hace con los dineros públicos.

Por lo demás, no debe extrañarnos esta actitud abusiva y arrogante de ATV y sus asesores ya que forman parte de ese círculo vicioso de autoridades incapaces e ineptas (W. Wong, P. Meca y otros) que han gobernado la provincia en los últimos 34 años.