Alan, el presidente de los ricos

 

Por Marcelino Aparicio

 

Lourdes Flores Nano ironizó con picardía: “(Alan García)… es el presidente de los ricos”. Enseguida, el premier Jorge del Castillo y la grey aprista pegaron el grito al cielo. Pero, si revisamos los últimos sondeos de la Universidad de Lima, no habría nada nuevo bajo el sol, de modo que no se justificaría la grita oficialista.

Por ejemplo, el 64.4% de los consultados en Lima y Callao considera que el régimen favorece a las clases altas. Actualmente la desaprobación presidencial bordea el 65%, pero en el siempre levantisco sur (Arequipa, Ayacucho, Cusco, Puno y Moquegua) se acerca al error estadístico. 

Cuando le preguntan al ciudadano de a pie qué nota (de cero a veinte) le pondría a García en sus dos primeros años de gobierno, el 40% lo jalaría con una cifra que va de cero a diez.  

En otra encuesta del Instituto de Opinión de Universidad Católica, el 73% sostiene que AGP gobierna para las grandes empresas, especialmente las mineras transnacionales a las que no le niega a  cobrarles impuestos a las sobreganancias, casi US$ 1,500 millones en lo que va de su gobierno.  

El 60% de ciudadanos de los sectores C y E, es decir los más pobres, piden que el Estado tenga un rol más activo en la economía, y no como sucede actualmente que todo se deja al sacrosanto libre mercado, mientras las amas de casa lloran a viva lágrima porque el sueldo del esposo ya no alcanza ni para un cuartito de pollo.

Estos números no hacen sino confirmar lo que la mayoría ciudadana siente y expresa en calles y plazas: que el segundo alanismo es sobradamente antipopular.

Los peruanos más humildes siguen esperando que AGP cumpla la promesa electoral de modernizar el Estado para que el pregonado -y muy evidente- crecimiento económico no se concentre en grupúsculos de poder, a expensas de las grandes mayorías nacionales, a las que la mentada bonanza económica sólo les llega envuelta en lindas frasecitas: “El Perú crece a 9% anual, 18.5 millones de personas usan celulares, etc”.

El jefe de Estado pareciera ensimismado en su cripta de cristal, preocupado en desarrollar el modelo económico neoliberal (pronto a cumplir 20 largos años de robusta vigencia: Fujimori-Toledo-Alan), mientras la gente espera con impaciencia su parte de la torta.

Sobre las palabras de la lideresa de Unidad Nacional, o lo que queda de esa escuálida alianza electoral, Del Castillo satirizó: “Quizá su última cercanía con el humalismo hace que tenga ese tipo de ideas”. Mauricio Mulder, secretario general del PAP espetó: “Está bien para ser rectora de una universidad, pero para la política ya fue”, mientras el ministro Rafael Rey, otrora recalcitrante antialanista, apuntó: “Es una expresión desafortunada y le hace daño a la propia Lourdes Flores”.

Los apristas, que ya llevan más de 80 años en los menesteres criollos de la política y algo deben haber aprendido, saben perfectamente que la  pepecista llora por la herida. No se podría esperar otra reacción ya que en plena campaña del 2006, la popular “Lulú” fue acuchillada por la plana mayor aprista con el motecillo: “es la candidata de los ricos”.

Ahora, la dama del PPC devuelve la moneda y los dirigentes apristas, ensoberbecidos en la miel del poder, no encajan el golpe bajo y refunfuñan a rabiar. Deberían aprender a ser tolerantes, ya que Flores Nano (desde la misma orilla de la ultraderecha) ha gritado una verdad monda y lironda, aunque con ello ofenda la vívida memoria de Luis Negreiros Vega, Manuel Arévalo, Manuel “Búfalo” Barreto y Carlos García Ronceros, inmaculados apristas, revolucionarios y antiimperialistas, que jamás claudicaron a la sensualidad del poder.