Por: Marcelino Aparicio.

 

Acaba de partir a la inmortalidad, el maestro, don José Estrada Morales. Se nos fue como en un sueño, luego de bregar toda la vida por una región digna y próspera para todos, sin exclusiones. Hombre íntegro, paradigma de decencia y forjador de incontables generaciones, Estrada Morales tuvo  vínculos estrechos y recónditos con Paita, puerto que lo acogió con las manos abiertas allá por 1942, cuando llegó a dictar cátedra en el histórico colegio San Francisco. Don Julio Ramírez Pasquel, leyenda viviente de Paita, dice que “como todo forastero que llega se sintió atraído por el cariño de la gente, la magnánima luna y el inspirador mar. Se hizo querer muy rápido. Nunca un piurano ha hecho tanto por nuestra tierra, hasta lo adoptamos como hijo pródigo”.

A la par que dictaba clases de historia, el “cholito” Estrada, como lo conocían cariñosamente, se dedicó a difundir la cultura y promover el deporte. Fue miembro de la Liga de Básquetbol y organizó un torneo relámpago cuya taquilla sirvió para comprar el mobiliario de lo que hoy es la biblioteca municipal. También promovió el ajedrez. En coordinación con la comuna dispuso que la liga dicte charlas culturales para la juventud. Fundó la revista “Argos”, en la que dio cuenta del devenir cultural y social. Los antiguos lo recuerdan retozando por el extenso jirón Junín rumbo al hotel Pacífico, donde vivió mucho tiempo. En la azotea del citado establecimiento, solía reunirse con la “gallada” a escuchar el mágico violín de “Pepe” Villazis, mientras recitaban versos de Vallejo y García Lorca, frente a la inmensidad azulina de la bahía. Fue tan íntima su relación que aquí conoció al amor de su vida: René Baharen, prominente dama que llegó procedente de Talara. Residió durante cinco largos años que lo marcaron para siempre.

Devoto inquebrantable de la Virgen de las Mercedes, Estrada Morales nunca dejaba de darse una “vueltecita” en setiembre por las calles del puerto. Una de sus últimas presentaciones pública la hizo en el 2003, cuando presentó su novela “A la hora del ocaso”, con el auspicio del Patronato Cultura de Paita. Escribió cientos de artículos sobre la historia porteña y escribió el libro: “Paita: en el tiempo y la emoción”, sentido texto de recuerdos y añoranzas. Cuando se reunía con la juventud solía decir: “Nadie puede hablar de la historia regional sin hablar de Paita, puerto sanmartiniano (José de San Martín) y bolivariano (Simón Bolívar-Manuelita Sáenz)”.

“Era un hombre que se quitaba el saco y la corbata que le exigía la sociedad piurana, para confundirse con sus amigos y tomar la raspadilla de Agurto o cortarse el pelo en el local del “Negro” Rogelio. Conversaba con los artesanos Mauricio (Terror) y admiraba las hermosas figuras de muelas de cachalote”, dijo Jimmy Abad Coloma, promotor cultural y discípulo del maestro. En uno de sus escritos destacó el sacrificio de los paiteños que murieron al lado del almirante Miguel Grau en el mítico monitor Huascar, durante la infausta guerra del Pacífico. Recordaba con emoción el sacrificio de Faustino Colán, Juan del Carmen Chunga Venegas y Modesto Ruidias Llamosa, marinos paiteños que ofrendaron su vida en la epopeya de Angamos y escribieron una de las páginas más gloriosas de la historia regional. Hoy, nadie se acuerda de estos héroes anónimos, sin embargo, Estrada Morales lo hacia en apasionados coloquios sentado en el malecón, mientras la brisa marina golpeaba su rostro curtido. Su  desaparición física deja un vacío inmenso imposible de llenar, sobre todo en tiempos en que el arribismo partidario, la majadería política, la incapacidad de los gobernantes y la mediocridad social son signos de nuestra época. Descansa en paz, amauta de la región. Te vamos a extrañar.