Por: Marcelino Aparicio (*) 

No se trata de estar a favor o en contra del Sutep, pero el gobierno derechista de Alan García ha dado un paso más en su burda campaña de desprestigio a los maestros. Para ello utiliza a su alfil predilecto: el ministro de Educación, José Antonio Chang. “Maestros brutos”, “profesores ignorantes”, “burros”,  repiten al unísono los estrategas de esta batalla desleal, mientras muestra a la opinión pública los calamitosos resultados del examen tomado a los docentes de todo el país. Sólo 151 de los 183 mil postulantes logrando una nota superior a 14, que les otorga el derecho a un contrato perpetuo en el Estado. Alan García, hijo de una abnegada maestra de escuela pública y alumno del colegio nacional José María Eguren de Barranco, debería entender que no construiremos nada satanizando a nuestros maestros.Muy por el contrario, hay que darles mucho cariño, capacitarlos permanentemente y mejorar sus magros sueldos. No puede seguir impulsando esta campaña permanente de insultos y maltratos, ya suficiente tienen los profesores con las vejaciones que reciben diariamente en la sede de la Dirección Regional de Educación, donde tienen que mendigar sus sueldos o “pagar una coima” para que sean atendidos en el acto. Subleva el alma ver a los maestros de nuestros hijos recibir un trato tan vil y abyecto, mientras el presidente regional, César Trelles y sus asesores se hacen de la vista gorda.Tuve la oportunidad de dialogar con el experto en temas pedagógicos y miembros del Consejo Nacional de la Educación, Dr. Hugo Díaz Díaz, quien se mostró consternado por el nivel de la prueba. “Tenemos que revisar la concepción del examen, fue excesivo para una gran porción de profesores. Sin duda que favoreció a los que enseñan matemática y lógico matemática, mientras que sus colegas de literatura, arte, historia se quedaron rezagados”, me dijo Díaz en tono de preocupación.El gobierno de Alan García sostiene que está empeñado en mejorar los niveles educativos, noble anhelo que merece una salva de aplausos, pero en su largo camino avasalla sin piedad a los docentes, convertidos hoy en día en los cucos del mal, hijos del infierno. Si el Perú ocupa uno de los niveles más bajos de la enseñanza escolar en América Latina (sólo superamos a Haití y Bolivia), no es responsabilidad exclusiva del magisterio. Aquí se conjugan diversos factores que van desde los familiares, pedagógicos y presupuesto estatal. Hay padres que creen que la formación de sus hijos sólo se debe dar en las aulas y olvidan que su aporte es vital en el hogar; hay profesores que no se capacitan y el Estado se hace el sueco en cuanto a otorgar los presupuestos necesarios para que la maquinaria educativa funcione como un reloj suizo. Aquí me viene a la mente el recuerdo de mi profesora de primaria en la escuelita fiscal de Paita, doña Laura Machiavello de Tevin, noble dama de fina alcurnia italiana que me enseñó a leer y escribir en medio de la orfandad que fue mi niñez. Por eso, en homenaje a esa digna mujer, me indigna que Alan García maltrate innecesariamente a los profesores.