Por: Marcelino Aparicio J.

 “La cumbre de los pueblos” es la expresión genuina del patetismo regional. Estos compadritos, con el tal Magdiel Carrión a la cabeza, pareciera que siguen petrificados en la Edad de Hierro y quizá por ello ignoran el gran valor monetario que tiene el cobre en los albores del siglo XXI. Es sintomático que mientras un grupo de antimineros marchaba por las calles con su monserga que se opone a la explotación de nuestras riquezas, un millón de huancabambinos, ayabaquinos, piuranos, paiteños, sullaneros, sechuranos y talareños viven en la miseria absoluta, con menos de un dólar al día. Más de 20 mil niños han abandonado las aulas escolares por falta de recursos, 25 por ciento de estudiantes sufre de desnutrición crónica, 500 casos de tuberculosis se detectan cada año, mientras que el déficit de colegios y locales de salud bordea el 30 por ciento, de acuerdo a estadísticas no oficiales.  Ante este panorama posdiluviano, qué ofrecen a los pobres de la región las ONG y los políticos de papel: Nada, excepto la bullanga y el chongo callejero. Los fanáticos ecológicas son la viva expresión del tercermundismo intelectual globalizado, cuya representación más refinada y chabacana es la congresista Marisol Espinoza. ¡Qué triste papel le toca interpretar a esta mujer en el lóbrego teatro de la  política regional! Mientras, la Espinoza y compañía infectan con su veneno ponzoñoso a los empobrecidos campesinos altoandinos -pensando maquiavélicamente en los réditos políticos que ello le significará- los otros seis representantes congresales guardan cómplice e insultante silencio, o hablan a medio voz para que nadie los escuche. Pero la “estrategia electorera” de estos holgazanes y bribones no cuenta con el creciente respaldo de la mayoría ciudadana que clama y reclama por la explotación urgente de las reservas mineras, respetando por siempre el medio ambiente y cuidando  de que se pague la deuda social a las comunidades. La explotación de la minería conllevará  una inyección de más de mil millones de dólares al año en la región, cuyos dividendos económicos bien se podrían invertir en la construcción de obras sociales para los más necesitados.En el otro extremo de la orilla, lastimosamente, el gobierno regional que dirige Trelles Lara no ata no desata. ¿Cómo es posible que haya perdido la batalla política a favor de la minería responsable? ¿Recuerdan cuando estuvo a favor de la “regionalización toledista” y a menos de una semana del referéndum reculó clamorosamente? Sin duda, su ineptitud universal aflora a borbotones en el fango de la mediocridad. Mientras mineros y antimineros se pelean en las calles por los réditos políticos, los pobres lloran su desgracia y lo seguirán haciendo por los siglos de los siglos… hasta que esos pelagatos se pudran en el infierno o la furia de Osama Bin Laden los fulmine.