Por: Marcelino Aparicio J.

Alberto Fujimori, el ciudadano japonés que durante un decenio esquilmó las arcas fiscales, sabe perfectamente que pasará varios años bajo la sombra de los barrotes. Sus áulicos también comparten esta idea y por estos días juegan sus últimas barajas. “Soy inocente de todo los cargos que se me imputan”, gritó a voz en cuello en un arrebato de ira, mezclada con nostalgia. Quizá, el presidiario oriental pensó que estaba premunido de la investidura presidencial, esa que mancilló por todo lo alto. Dice que nunca estuvo enterado del accionar criminal del Grupo Colina ¿Y la amnistía de 1995? Asegura no recordar quién le presentó a Vladimiro Montesinos Torres, pero todos sabemos que fue el sociólogo Francisco Loayza. Cuando, el fiscal, Antonio Peláez lo interrogó sobre las funciones del “Rasputín andino”, respondió que “se dedicaba a operaciones de inteligencia”. También dijo que fue Montesinos quién le presentó al general PNP, Ketín Vidal, recordado por la captura de Abimael Guzmán (Lean: “La caída del héroe” de Carlos Paredes; se van a sorprende por las bajezas morales de un compadrito que se presenta ante el país como el más inmaculado de los peruanos, pero a la vuelta de la esquina es el más vil de los rufianes).También -muy campechanamente- sostiene que solía despachar con Montesinos en las instalaciones del SIN entre las 12 de la noche y las 3 de la mañana, lo que pone de manifiesto sus dotes maquiavélicas y las costumbres non sanctas de tratar los asuntos naciones entre la penumbra de los cuarteles y la nocturnidad.El reciente reporte de la Agencia de Inteligencia del Pentágono de EE.UU sobre actividades criminales de los paramilitares que operaron durante la guerra interna que sacudió el Perú, ha sido un mazazo en el espinazo del fujimorismo. Jamás pensaron que desde la tierra del Tío Sam les llegaría tamaño misil. En ese revelador documento, los gringos lo acusan de haber permitido la utilización de una doble política con respecto a los derechos humanos. Aseguran que dio la orden directa para ejecutar a miembros del MRTA que se rindieron luego de la espectacular recuperación de la embajada del Japón por los comandos Chavín de Huantar, allá en abril de 1996. Una pena que una acción militar tan soberbia haya sido mancillada por este hombre que sólo busca la idolatría, a costa incluso de la sangre de los peruanos. Los fujimoristas entienden que lo único que puede salvar al ex candidato al senado del Japón es un triunfo electoral de Keiko Fujimori en las elecciones del 2011. Una vez en Palacio de Gobierno -siempre según esta hilarante, pero no descabellada hipótesis- Keiko amnistiaría a su padre “en aras de la reconciliación nacional” y todos serían felices. ¡Incluso ya  trabajan diligentemente para alcanzar esa meta!  “¿Si Alan García volvió a la Casa de Pizarro por la puerta grande, porqué no nuestro Chinito?”, se preguntan con una sonrisa socarrona. ¡Qué país-TLC! ¡Oh maravilla-APEC!