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 Por: Marcelino Aparicio J. (*) 

La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el candente caso de la caleta La Tortuga pone de manifiesto lo siguiente: UNO.- En ninguno de los considerandos de la citada resolución, los magistrados del TC argumentan o siquiera deslizan la posibilidad de que La Tortuga pertenece o ha pertenecido a Vice,  tal como sostiene malévolamente la congresista Rosa Venegas, convertida en una figura bufonesca que alienta y respalda las ansias expansionistas de un sector de la clase política sechurana. DOS.- El TC deja abierta la posibilidad para que la municipalidad provincial de Paita inicie las acciones legales pertinentes para tirar al tacho de basura la resolución del Gobierno Regional de Piura que dispuso la írrita consulta vecinal en la que sólo participó el 40 por ciento de la población tortugueña. TRES.- Los frustrados expansionistas, Walter Panta, que funge de “alcalde delegado” de La Tortuga,  Armando Bancayán, alcalde de Vice y Santos Querevalú, alcalde de Sechura, mienten alevosamente cuando sostienen que el Poder Legislativo debe emitir una ley para poner fin a diferendo limítrofe paiteño-sechurado. CUATRO.- Las autoridades sechuranas debieran pisar tierra y dejar de lado sus poses triunfalistas en el sentido que la resolución del TC pone un candado al reclamo porteño. Lamentablemente, estas personas usan el caso políticamente, azuzando a sus coterráneos en un reclamo injustificado e injustificable. CINCO.- La provincia de Paita jamás cederá un milímetro de su territorio a expensas de errores de terceras personas ya que desde un inicio el pueblo paiteño nunca estuvo de acuerdo con acudir a instancias judiciales debido a que la pertenencia de La Tortuga a Paita es intrínseca e inequívoca. SEIS.- Crasso error del ex alcalde, Walter Wong Ayon de llevar el caso al campo jurídico puesto que “si sabes que tu casa te pertenece, ¿porqué le pides a un juez que dirima si te pertenece o no? ¡Tú casa es tu casa y punto!; y al invasor hay que expulsarlo a patadas”, sostiene un paiteño en tono molesto. Sin duda, este yerro fue la cereza que rebasó el inmenso mar de torpezas, vilezas y bajezas que invadió la gestión de Wong Ayon. SIETE.- Lamentablemente, la sentencia del TC carece de un cariz de reflexión puesto que dos pueblos hermanos no pueden estar enemistados eternamente por culpa de sus ineptas autoridades, mientras la empresa que explota las riquezas de La Tortuga se llena los bolsillos con plata ajena, sin pagar sus impuestos. La compañía Olympic debe asumir su responsabilidad y pagar su deuda social; no a los paiteños, ni a los sechuranos, sino a los tortugueños que durante centurias han estado olvidados, abandonados entre entre el océano y el desierto. Ellos son los grandes olvidados en este conflicto que tiene para rato.