Don Otilio Antón Chávez, popularmente conocido como Otancha, era un profesor muy abnegado. De mediana estatura, piel cobriza y contextura gruesa, llegó a Paita procedente de Sechura y desde que pisó tierra paiteña se enamoró de nuestra bahía. La década de los años 70 estaba a punto de expirar cuando llegué por primera vez a las antiguas y acogedoras aulas del colegio 14739, la mítica escuela fiscal Nº 11. Allí observé de cerca su labor docente y fue el último año que ejerció el noble oficio de maestro ya que nunca más lo vi en el plantel. Aún recuerdo su lento caminar por las aulas de bulliciosos alumnos con su infaltable “sanmartin” en las manos. Por fortuna nunca lo utilizó en mi contra, cosa que sí pasó en el Colegio Militar “Pedro Ruiz Gallo” de Piura, donde cursé los últimos tres años de la secundaria, bajo la ceñuda mirada de recios oficiales. En mi mente sigo viendo al buen Otancha caminando pausamente por la calle El Zanjón. “Profesor”, le decía a manera de saludo y él respondía casi siempre con un “Hola, hijo” y seguía en dirección al centro del puerto. En los años 90, cuando comencé mi labor de periodista en Paita, en la extinta Radio Presidente bajo la batuta del también sechurano y multifacético Guadalupe Risco Ruiz, lo vi un par de veces, entrevistado por el “Cholo Risco”. Eran verdaderas clases maestras en las que dos sechuranos hablaban con nostalgia del pasado porteño. A comienzo de 1992, recibí un llamado del diario Expreso para trabajar en Lima. Muy a mi pesar, mis padres terminaron por convencerme de seguir mi carrera en la Capital y así lo hice; pero antes les pedí que me remitieran el periódico que Don Otilio imprimía en su viejo mimeógrafo de su casa, ubicada en la zona este de Paita. “¡Aquí Otancha!”, se llamaba el hebdomadario que diligentemente publicaba y que hoy en día debe ser una joya del periodismo regional. Por aquellos años mozos también edité con mi propio peculio un quincenario, pomposamente llamado “La Hoja Porteña”, del que desgraciadamente no guardo ni un ejemplar. Cada fin de mes tenía que ir al local de la empresa Tepsa, ubicado en el centro de Lima, a recoger la encomienda que llegaba desde Paita con la preciada carga de “¡Aquí Otancha!” y otras publicaciones regionales. Devoraba las noticias con la misma devoción del hombre solitario que está lejos del terruño. Eran tiempos difíciles en los que la globalización no asomaba con la vitalidad de hoy en día. Así fue don Otilio Antón Chávez y así quedó registrado en mi memoria y me gustaría que las nuevas generaciones de paiteños, carentes de ejemplos cívicos a imitar, comprendan el valor del amor a la tierra que nos vio nacer y de sus hijos más preclaros. Mi amiga, la fina y pulcra poetisa, Mary Godos Curay, me envía estas anécdotas recopiladas por el inolvidable Otancha y las comparto con ustedes. Del otro personaje, “Platitos”, me ocuparé en otra ocasión. Sólo quiero decirles que fui testigo presencial de un electrizante encuentro entre Otancha y Platitos, dos luminarias que brillan con luz propia en la vasta galaxia de la historia de Paita. (MARCELINO APARICIO)  

PLATITOS, SE QUEMA TU CASA 

En una mañana de frío invierno, cuando“Platitos” se encontraba a bordo en su ocupaciónde estibador, se produce en su casa un conato de incendio. Un acomedido corre a darle la infausta noticia diciéndole: -¡Platitos, Platitos… tu casa se está quemando! Platitos contesta: -¡Anda idiota, como puede estar quemándose mi casa, si aquí cargo la llave en mi bolsillo¡ 

EL RELOJ DE PLATITOS 

Y Platitos en una oportunidad, salió apresuradamente de su hogar cuando eran las 10 y 30 de la mañana rumbo a su trabajo porque la hora lo ganaba y por olvido dejó su reloj en la mesa. Su esposa siempre cuidadosa lo guardó para mayor seguridad en su baúl. Al regresar de su trabajo, a eso de las 4 de la tarde, Platitos indagó por su reloj, el que le fue entregado de inmediato. Platitos, mirando y recontramirando su reloj, reclamó iracundo diciendo: “¡Malaya sea¡ ¡Ya me malograron el reloj¡” -“¿Por qué  Platitos?”, preguntó su esposa.-“Pues, yo dejé el reloj marcando las 10 y 30 y ahorita está marcando otra hora distinta”.

POR CUCHARONES 

Otancha soñó una noche haber cumplido con un acto de caridad. Un anciano que pasaba los 90 años estaba muy delicado de salud. Salió en busca de un médico y la atención facultativa no se hizo esperar. El galeno recetó un tónico especial y sobre todo reconstituyente. Otancha preguntó al facultativo: -“Diga Dr. ¿Cómo le administro al ancianito el tónico recetado?”. El médico me contestó: -“Mire Otancha. Cuando se trata de niños, se les da cucharaditas, si son adultos se les da cucharadas, pero como el enfermo es muy vejestorio, dele Ud. UN CUCHARON tres veces al día y si no se muere me pasa la voz…”

 AUTOR: OTILIO ANTON CHAVEZ (OTANCHA)

FUENTE: ANECDOTARIO PAITEÑO