Por Marcelino Aparicio J.

Hace poco en Palacio de Gobierno, el presidente Alan García entregó cinco mil millones de soles a cinco regiones (Cajamarca, Ancash, Tacna, Moquegua y Cusco) por concepto de canon minero. En el caso de Ancash, le tocó 1,200 millones de soles, a lo que habría que agregarle que los 400 millones de soles que la empresa Antamina pagó por regalías mineras, hace un par de meses.

Entre los elegidos del “boom minero”, lamentablemente no está Piura, pese a contar con las reservas cupríferas más grandes del mundo. El proyecto Río Blanco-Huancabamba, de acuerdo a los últimos informes técnicos, contiene 1,257 millones de toneladas de cobre, una cifra monstruosa que ya la quisieran tener regiones carentes de riqueza minera como Lambayeque, Amazonas o Ayacucho. (¿Dios es piurano, toma chicha en poto y come chifles?)

Los expertos aseguran que al cuarto año de funcionamiento, la mina Majaz será la primera del sector en Latinoamérica y una de las más importantes del mundo. ¿Cuánto le habría tocado a Piura por concepto de canon minero si el proyecto Río Blanco se hubiera concretado? De acuerdo a cálculos estadísticos no oficiales, la región Piura hubiera obtenido casi 1,500 millones de soles por concepto de regalías y canon minero, sólo en los últimos 12 meses. ¿Y qué hubiera pasado si la Minera Manhattan hubiera exportando el oro y la plata que existe en el subsuelo de Tambogrande? ¡Y dicen que somos pobres!

Con 1,500 millones de soles, sin contar con los aportes que habría recibido por el proyecto de Tambogrande, la región sería una de las más ricas del país. Las autoridades hubieran enfrentado resueltamente la preocupante carencia de infraestructura educativa y de salud, que afecta a más del 70 por ciento de la población de nuestras ocho provincias. Es indigno que una región que cuenta con grandes riquezas mineras no las pueda explotar en beneficio de los que menos tienen. ¿A quién responsabilizamos de este pecado capital? ¿A los campesinos que quemaron el campamento de la minera en Tambogrande? ¿A los jornaleros andinos que expulsaron de sus tierras a los técnicos de la minera Majaz? En todo caso, los hombres del campo no son responsable: son masa y la masa nunca es responsable de nada, no se le puede judicializar tan fácilmente. En todo caso, el único que perdió fue el aporreado pueblo piurano. “Los errores de los políticos siempre los termina pagando el pueblo”, dice un viejo adagio popular. Más allá de las responsabilidades de rigor, la gente de la región tiene que entender que las riquezas mineras de Piura no pueden permanecer bajo tierra.

Si a “nuestro hipotético” canon minero le agregamos los 200 millones de soles que actualmente se recibe por Canon Petrolero no tendríamos porqué permitir que un millón de paisanos vivan en la pobreza, mientras 300 mil no tienen qué comer y son apaleados diariamente por la falta de empleo y la carencia de servicios básicos, como agua, desagüe, luz eléctrica, pistas, postas médicas, etc. ¿Es justo, eso?

Acá hay responsables directos. Uno: los propios empresarios mineros que aún no asimilan que vivimos en un mundo globalizado, donde todo se sabe y todo se ve en tiempo real. Pareciera que su espíritu monetario pudo más que la razón, al menos eso piensan los hombres de Tambogrande y Huancabamba con los que hablé para esta crónica y a los que hice ver cuánto dinero hemos perdido por culpa de la irracionalidad y la sinvergüencería.

¿Los empresarios se quieren llevar la del león? Tienen derecho a gozar de su inversión, pero erraron en el método. Talvez llegaron con mentalidad del medioevo, a resolver todo por la fuerza. Los inversionistas cumplieron los trámites legales ante el “Perú Oficial”, pero se olvidaron de ese otro “Perú informal” que convive día a día con la miseria, al margen de las grandes cifras en azul que cada mes nos trae el INEI,  los datos pro positivos de Adex, o todos aquellos que nos dicen: “El Perú está perfecto, las exportaciones han crecido 70 por ciento, el empleo formal subió a 75 por ciento, vamos rumbo a ser “El Tigre de los Andes”… ¡oh país de las maravillas!”

El otro responsable es la clase dirigente piurana, que jamás fue capaz de plantear un programa mínimo social para ganarse a las masas andinas y costeñas comprometidas en el tema de la minería, verbigracia C. Trelles Lara. (¿Se imaginan a C. Trelles Lara con 1,500 millones de soles en las arcas de la región, aparte de lo que ya tiene?¿Se vuelve loco por gastar a manos llena? ¿Se manda a  hacer un busto?) Los políticos de balcón, que en la región se suman por centenas, se corrieron al reto de enfrentar a los azuzadores, ésos que hablan de preservar la ecología pero a la vuelta de la esquina lanza basura a los ríos. Los locos de la bocina, los discurseros de plaza que convocaban a la gente a protestar contra la minería no tuvieron adversarios y se pasearon como Pedro en su casa. Le lavaron el cerebro a la gente y los grandes proyectos mineros que nos hubieran dejado grandes sumas de dinero, quedaron congelados en el tiempo indefinido. Esos orates del verso son los mismos que ahora no saben cómo explicarle a la gente de dónde saldrá el dinero para construir nuevas escuelas, postas médicas, redes de agua y alcantarillado y pistas, entre otras necesidades que la población reclama con urgencia.