Por: Marcelino Aparicio J. 

Lo que hace Alan García en Piura es “puro show”, “escena mediática”, “circo para el pueblo”, tal como lo hacía la flacuchenta Laura Bozzo en los tiempos de la dictadura fujimontesinista. En esos duros años, mientras el ahora presidente se paseaba por los “Campos Elíseos” o disfrutaba de la vista desde la Torre de Eiffel, en pleno corazón de París, nosotros, los verdaderos ciudadanos de pie, nos fajábamos contra el sátrapa Alberto Fujimori y su banda de asesinos. Reunión con clubes de madres, con dirigentes vecinales, todo es puro “fururú-farará” , mientras García no tome el toro por las astas. En primer lugar, el jefe de Estado parece ignorar que la región Piura ha sido gobernada por su partido en los últimos 30 años, con resultados desastrosos. Nos dirán que el incapaz César Trelles Lara tiene un periodo en el poder: Falso. Nos dirán que el aprista arrepentido José “El Loro” Aguilar recién tiene 100 días en el sillón municipal. Falso. Hagamos memoria: Trelles Lara fue diputado en los 80, lo mismo que Aguilar y el otro jurásico llamado José Carlos Carrasco Távara. Lo mismo pasa con Jhonny Peralta y el “delfín” Luis Guevara Trelles (sobrino de Trelles Lara). Ni qué decir de Eduardo Cáceres Chocano, el impresentable ex alcalde de Piura que dio de beber leche malograda a los niños piuranos. Sin duda,  la lista de desacertados personajes es muy extensa y no alcanza la luz de la estrella para protegerlo. Otro que no escapa a las criticas es José Vitonera, el separatista alcalde talareño que tuvo el desparpajo de anunciar que se anexaría a Tumbes si Trelles Lara no cedía a sus presiones. Típico lío aprista por el poder. Frente a esta apretada síntesis, García tiene que hacer un riguroso examen de autocrítica sobre el rol que cumplió el APRA en la región en los últimos 30 años y después cumplir sus promesas con la población.