Por: Marcelino Aparicio

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Dos son los pilares básicos que sostienen el gobierno del presidente Alan García: austeridad y transparencia. (¿se olvidó de la generación de empleo? ¿del cobro de impuestos a las grandes transnacionales?¿de la revisión “línea por línea” del TLC con EEUU, ¿de la renta básica de telefonía? etc.) Es un mensaje claro que el jefe de Estado ha lanzado a los administradores de la cosa pública, ante la imposibilidad de mostrar resultados concretos al país, mientras espera -con ansiedad- la ratificación de Acuerdo Comercial con Washington, que a la postre sería el primer “gran logro” de su segundo gobierno. Incluso, en una presentación pública ante cientos de oficiales de la PNP, García dijo en tono enfático: “¡A nosotros nos paga el pueblo, con dinero que es del pueblo; por eso debemos ser muy escrupulosos con el manejo del dinero y el que no lo entiende así… que se vaya!” La frase irrumpe en medio de los chanchullos perpetrados durante la gestión de la ex ministra del Interior, Pilar Mazzetti y el titular de Salud, Carlos Vallejos, en la compra de 469 patrulleros para la Policía y 90 ambulancias para los hospitales.  Pero pareciera que en Piura, este mensaje contundente del mandatario aprista no ha llegado aún a la municipalidad provincia, menos a los oídos de don José Aguilar Santistevan, muy dado a gritar a los cuatro vientos su amistad con García. A los recientes escándalos municipales (destrucción de un grifo en pleno centro de la ciudad, robo de una computadora portátil en la misma comuna, pago de un cheque a la cuestionada esposa del burgomaestre, etc.) se suma uno más: la contratación de servicios para la venta de combustibles a una empresa de propiedad de un “amigo” del alcalde. Ante este panorama borrascoso, nadie puede decir que la actual administración obrista se caracteriza por ser austera y transparente. Muy por el contrario, Aguilar comenzó con el pie izquierdo y de tumbo en tumbo puede arrastrar a la ciudad al abismo, algo que nadie quiere, ni desea. Debería seguir el ejemplo de García que agradece a los periodistas por destapar la olla de grillos de las licitaciones en los ministerios y se sacude ipso facto de los malos funcionarios que, a cambio de jugosas “coimisiones”, se olvidan de la defensa del Estado. En los últimos 15 días, han caído una ministra de Estado, tres viceministros y 10 funcionarios de alto rango por irregularidades administrativas en el manejo del dinero público. Frente a similar escenario político ¿qué ha hecho Aguilar en Piura? Quejarse y lanzar veladas amenazas a la prensa independiente; es decir salirse por la tangente y no tomar al toro por las astas. La autoridad municipal debió haber separado del cargo al cuestionadísimo Miranda García y anular el pago a su esposa, (se imaginan a Alan García autorizando un cheque a favor de Pilar Nores, dizque por sus servicios prestados entre 1985-1990) Si el burgomaestre piurano hubiera seguido el ejemplo de García, la institucionalidad municipal se habría fortalecido y los ciudadanos tendrían motivos para festejar. Pero “Pepe” (¿el vivo?) Aguilar escogió el camino más corto y prefirió hundirse inexorablemente en el fango de la sinvergüencería. Sus razones tendrá.